Nuestros jóvenes estudiantes secundarios se expresan hoy en día, y lo hacen de un modo en que validan la conversación como manera para disolver conflictos. Y lo hacen reuniéndose entre ellos para acordar acciones en conjunto, acciones que implican una red de conversaciones insospechadamente grande, que se centra en la escucha mutua, la escucha a las quejas comunes que surgen desde la trama relacional en que habitan con dolor y malestar, este es el fuego prometéico que enciende la conciencia de un movimiento verdaderamente ciudadano, un movimiento con la potencia del candor y las honestas ganas de participar desde el colaborar en un proyecto común, que surge común no desde el discurso político-ideológico sino, desde la co-inspiración del mirarse-escucharse y desde ahí hacerse cargo de la propia convivencia. Jóvenes que saben sin saber, desde la confianza, que no son hojas al viento sino que pueden ser responsables de su propio vivir. Jóvenes que con su actuar nos están mostrando que lo que guía la historia de las comunidades humanas no son los recursos o las oportunidades, sino los deseos, las motivaciones (...)

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